Abstracción
Lo que los pintores abstractos nos enseñaron, desde Kandiski a Zóbel, es que la pincelada, la forma y el color pueden ser bellos en la medida en que su combinación produzca vibraciones, a modo de “música visual” que resuene en la parte de nuestro cerebro más predispuesta a captarla.
Juan Molino, heredero de tantos pintores como le precedieron, sabe expresar y sentir en sus cuadros más abstractos, y por tanto menos predispuestos a la interpretación racional, una serie de composiciones plásticas que demuestran su riqueza de colorido armonizado en gamas cromáticas muy equilibradas.
De la gestualidad de obras como “Convulsión” muy valoradas por el pintor Manuel Viola a cuadros más geométricos como “Deconstrucción” o “Paisajes vividos”, pasando por composiciones simétricas de claroscuros profundos como “Laberinto andalusí” y “Homenaje a la música”.